EL DIOS QUE
ELIGIÓ SER HERIDO

VIERNES SANTO
SEMANA SANTA
por Pr Nico Burgos
Tres Días...
Tres días que cambiaron la historia.
Tres días que revelan el corazón de Dios.
Tres días que rehacen el alma humana.
​
Este devocional es una invitación a caminar con Jesús por el camino más sagrado de la historia.
Desde la cruz, pasando por el silencio de la tumba, hasta la esperanza absoluta del jardín vacío.
No solo recordaremos lo que Jesús vivió, sino que nos uniremos a Él en cada paso:
en su dolor, en su espera, en su resurrección.
un Amor que no se defiende.
Un Cordero que se ofrece,
un Rey que se entrega.
​
La sangre
el cielo calla,
la tierra tiembla.
Y en el centro de todo…

El viernes santo nos lleva a un lugar de misterio: un Dios crucificado.
​
¿Quién es este Cristo que se deja herir?
¿Quién es este Rey cuya corona es de espinas y cuyo trono es una cruz?
Isaías lo había dicho antes:
“Despreciado y rechazado por los hombres… molido por nuestras iniquidades… y por su llaga fuimos nosotros curados.” Isaías 53
Pero hay una línea en Isaías 53:10 que duele profundamente:
“Con todo eso, el SEÑOR quiso quebrantarlo.”
¿Cómo entender a un Dios que quiere quebrantar al Justo?
La respuesta no está en la violencia divina, sino en el amor trinitario. El Padre y el Hijo, unidos por el Espíritu, eligen juntos este camino para salvarnos. Jesús no fue obligado. Lo dijo increíblemente:
“Nadie me quita la vida; yo la doy por mi propia voluntad.” Juan 10:18
La cruz no fue solo un evento histórico. Fue un acto eterno de redención, predicho desde Génesis 3:15, donde la serpiente heriría el talón del descendiente de Eva… pero este le aplastaría la cabeza. El talón fue herido en el Gólgota. La cabeza de la serpiente, destruida en el mismo momento.
En Marcos 15, Jesús no responde a Pilato, no se defiende ante los soldados, y ni siquiera baja de la cruz cuando lo desafían:
​
“Sálvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios…”
Pero el verdadero Hijo de Dios no se salva a sí mismo: salva a los demás.
En la cruz se revela como Aquel que ama a los indignos.
​
Eugene Peterson dijo:
"La cruz no es algo que miramos desde lejos. Es un lugar al que subimos. Es el altar donde también morimos."
En el cristianismo, hablamos de la sustitución: Cristo cargó con nuestra culpa.
Pero también debemos hablar de la representación: en Cristo, estábamos nosotros. Como dice Pablo:
“El que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” 2 Corintios 5:21
Una invitación a morir con Cristo.
El que fue herido en nuestra carne, ahora vive en nuestro espíritu.
Por eso, Pedro enseña:
“Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigamos sus pisadas.” 1 Pedro 2:21
Jesús no murió solo para darte salvación.
Murió para mostrarte el camino de la vida cristiana:
Rendirte, confiar, entregarte.
Reflexión
Una pequeña examinación
​
¿De qué formas estoy intentando salvarme a mí mismo?
​
¿Estoy evitando morir en áreas donde Jesús me está llamando a rendición?
​
¿He romantizado la cruz, o estoy dispuesto a cargar la mía diariamente?
​
¿Siento que Jesús murió por mí como individuo, o solo como un concepto general? ¿Cómo cambia eso mi forma de vivir hoy?
Práctica del día
“Rendir lo irrenunciable”
​​
Tómate unos minutos en silencio.
Repite lentamente:
“No soy el Salvador. Tú lo eres.”
Haz memoria de algo que estés intentando controlar con tus propias fuerzas: tu futuro, una relación, tu imagen, tus errores.
Déjalos ir en una oración:
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”
Si quieres, escribe una breve oración de rendición en tu diario, comenzando con:
“Señor, hoy muero a… para vivir en…”
Viernes Santo, el día que:
​​
El día que el cielo se oscureció.
El día que el velo se rasgó.
El día que el Amor no se defendió, sino que se ofreció.
Gracias, mi Jesús.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna"
Juan 3:16